Carlos Manzo
Omar García Harfuch
El asesinato del presidente municipal de Uruapan, Michoacán, Carlos Manzo, conmocionó al país entero. Los hechos ocurrieron el pasado 1 de noviembre de 2025, durante la celebración del Festival de las Velas, donde un sicario disparó en copiosas ocasiones contra el alcalde, provocándole la muerte casi de manera instantánea.
En la conferencia matutina de este jueves 8 de enero de 2026, el titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), Omar García Harfuch, informó sobre los avances del caso, revelando hallazgos y detenciones que van dando, poco a poco, más claridad sobre los responsables del crimen.
Lo que se presenta públicamente como una lista cronológica de detenciones es, en realidad, el mapa de una célula criminal desarticulada pieza por pieza. Un esquema de cooperación que involucró a las fiscalías generales de la República y del estado, las secretarías de la Defensa Nacional, de Marina y de Seguridad, siguió un rastro que comenzó con la muerte (en la escena) del autor material, identificado como Víctor Manuel “N”. Y, recientemente, con la captura, en Nochebuena, de Alejandro Baruc “N”, alias “K-OZ”.
La investigación, descrita como “técnica, metódica y basada en inteligencia”, reveló una operación de vigilancia sofisticada. Los agresores no actuaron por oportunidad. Un grupo de mensajería digital se convirtió en la ventana que mostró a los investigadores cómo esta célula rastreaba minuciosamente la movilidad del alcalde Manzo, coordinando en tiempo real la planeación del ataque.
La primera pista crucial surgió de los propios homicidas. Víctor Manuel “N”, quien perdió la vida durante el ataque, llegó acompañado de Ramiro “N” y Fernando Josué “N”. El destino de estos últimos fue igualmente violento: los hallaron sin vida en un tramo carretero, en lo que se interpreta como un ajuste de cuentas interno o una medida para silenciar testigos. Sus muertes, lejos de cerrar el caso, abrieron una nueva línea de investigación.
El eslabón siguiente fue lo que las autoridades describen como el cerebro operativo: Jorge Armando “N”, alias “el Licenciado”. A él lo detuvieron en Morelia y está identificado como uno de los autores intelectuales del asesinato de Carlos Manzo. Su captura señaló la existencia de una estructura que iba más allá de los gatilleros.
La red se extendía hacia los facilitadores. Ricardo “N”, un taxista aparentemente ordinario, a quien arrestaron por, presuntamente, proporcionar la huida de los agresores tras el crimen. Luego vino Jaciel Antonio “N”, “el Pelón”, detenido en Uruapan bajo cargos de cohecho y delitos contra la salud. Su perfil es particularmente revelador de los métodos del crimen organizado en la región: las autoridades lo señalan como un reclutador que operaba desde centros de rehabilitación para adicciones, captando a individuos vulnerables para convertirlos en sicarios o distribuidores de droga. Entre sus reclutas, según la investigación, estaban Víctor y Fernando, los hombres que llegaron a la cita mortal.
La madeja condujo a conexiones más amplias. Gerardo “N”, detenido el pasado 9 de diciembre, actuaba como un colaborador y nodo de comunicación. Pero la captura que Omar García Harfuch destacó como significativa, ocurrió el 24 de diciembre: Alejandro Baruc Castellanos Villafaña, alias “K-OZ”.

Su arresto, fruto de un despliegue masivo de fuerzas federales y estatales, conecta el asesinato del alcalde con una célula criminal con operación en el municipio de Parácuaro. A “K-OZ” se le identificó como un generador de violencia, vinculado a homicidios, extorsión y narcotráfico. Su papel, según la versión oficial, fue crucial: albergó a Fernando “N” después del homicidio y mantuvo comunicación fluida con la célula responsable.
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Las autoridades enfatizan que las detenciones no son el fin, sino la base para continuar con más operativos. No obstante, persisten las preguntas sobre la capacidad de estas células para regenerarse y sobre los poderes políticos y económicos que pudieron estar en la sombra de este crimen. La telaraña, aunque dañada, puede tener sus hilos más profundos aún por cortar.