Puebla
Selección Mexicana de Futbol
Faltan pocos meses para que inicie la Copa del Mundo 2026 y, como parte de los preparativos para esa esperada fecha, la selección de futbol de México encontró en Ghana un nuevo rival para medir su potencial previo a la gran cita mundialista. La Federación Mexicana de Futbol (FMF) confirmó que el duelo se llevará a cabo en el Estadio Cuauhtémoc de Puebla el próximo viernes 22 de mayo.
El seleccionador nacional, Javier Aguirre, no dudó resaltar el nivel de inversión del estado de Puebla en el deporte (recursos, dinero, tiempo, entre otros). “Puebla, insisto, estadio mundialista”, dijo. Añadió que ya estuvo en dicho escenario como jugador, entrenador y, en esta ocasión, lo hará como entrenador del tricolor.
“Ya venimos y jugamos contra un equipo español (Valencia). La gente apoya, siempre apoyándonos, se respira futbol. Pedí un partido en Puebla, pedí un partido importante y me lo conceden; de verdad les agradezco su presencia”. Resaltó.
Detrás de la decisión, sin embargo, hay una arquitectura deportiva más compleja que la simple nostalgia. Duilio Davino, director deportivo de la Selección, desgranó los criterios que llevaron a elegir la Angelópolis entre las múltiples propuestas que recibió el organismo. “Puebla cumple con todo lo que nos pidió Javier”, explicó. “Altura, una afición que apoya sin reservas y la posibilidad de enfrentar a un rival de otro continente. Es la fórmula ideal para afinar los engranajes de cara al Mundial”.
El partido ante Ghana no es un amistoso cualquiera. Es el primero de los tres compromisos internacionales con los que México cerrará su preparación antes del inicio de la Copa del Mundo el próximo 11 de junio. Y en la elección del rival hay un mensaje: los africanos, con su físico portentoso y su imprevisibilidad táctica, suponen una prueba de fuego para una defensa mexicana que necesitará roces de alta intensidad.
Ivar Sisniega, presidente ejecutivo de la FMF, observaba la escena desde el podio con la satisfacción del arquitecto que ve cómo los planos cobran vida. “Puebla se está convirtiendo en el estado del deporte”, afirmó, con un deje de orgullo institucional. “Recibimos muchas propuestas, pero solo jugaremos dos partidos en México en esta fase final. Y Javier fue claro: quería altura. La altura de Puebla, muy similar a la de la Ciudad de México, es el laboratorio ideal para lo que viene”.
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El viernes 22 de mayo, cuando el balón ruede sobre el césped poblano, no será solo un partido. Será un rito de paso. El último instante antes de que el vértigo del Mundial devore todo a su paso. Y Puebla, con su altitud modesta y su pasión desmedida, habrá sido el escenario donde México enfrentó uno de sus últimos retos antes de la máxima justa deportiva del balompié internacional.