Noruega
El rey Harald V de Noruega, el monarca de mayor edad de Europa y un soberano que supo conectar la majestad de la corona con la sensibilidad de una democracia moderna, murió durante las primeras horas de este viernes 28 de agosto de 2026, a los 89 años. A través de un comunicado, la Casa Real de Noruega anunció que el Rey “falleció apaciblemente” a las 6:35 de la mañana en el Hospital Universitario de Oslo, donde permanecía ingresado desde el pasado 17 de agosto.
Su muerte, ocurrida apenas un día después de que la propia Casa Real calificó su estado de salud como “extremadamente grave”, sumió a la nación nórdica en un profundo luto. Al mismo tiempo que también inició una transición dinástica que se anticipa serena y constitucionalmente impecable.
El príncipe heredero, Haakon, de 53 años, se convirtió automáticamente en el nuevo monarca en el momento del fallecimiento de su padre, de acuerdo con la Constitución noruega. En un Consejo de Estado extraordinario celebrado en el Palacio Real, Haakon declaró formalmente que asumió las funciones como rey, adoptando el nombre de Haakon VIII. Y prometió conservar el histórico lema de la dinastía: “Todo por Noruega”.
Harald, quien nació el 21 de febrero de 1937, fue el primer rey de Noruega en nacer en el país desde el siglo XIV, un hecho que lo conectó profundamente con la identidad nacional desde su nacimiento. Ascendió al trono el 17 de enero de 1991, tras la muerte de su padre, el rey Olav V, y su largo reinado atestiguó la evolución de la monarquía noruega hacia una institución de gran cercanía con la ciudadanía.
A lo largo de sus 35 años en el trono, a Harald V lo veneraron tanto por su papel ceremonial, como por su humanidad y capacidad para hablar el idioma del pueblo. El primer ministro Jonas Gahr Støre expresó su “profunda tristeza” en nombre del gobierno y la nación, y decretó luto nacional hasta el día de los funerales de Estado. El afecto popular se hizo visible desde el jueves, cuando miles de noruegos comenzaron a congregarse espontáneamente frente al Palacio Real, en Oslo, para depositar flores y encender velas en una vigilia silenciosa por su monarca.
En sus últimos años, la salud del rey Harald se convirtió en una preocupación constante para la nación. Lo hospitalizaron en varias ocasiones por diversas dolencias, incluyendo una infección en la pierna, problemas cardíacos que requirieron la implantación de un marcapasos en 2024, y un tumor de vejiga. Su última hospitalización se debió a una anemia hemolítica, enfermedad que destruye los glóbulos rojos, y a una infección bacteriana en la sangre.
A pesar de sus repetidos problemas de salud, Harald V siempre se negó a abdicar, argumentando que juró su cargo de por vida ante el Parlamento. Su determinación de cumplir con su deber hasta el final consolidó su imagen como un pilar de la estabilidad noruega.
Dicha estabilidad ahora queda garantizada con la ascensión de su hijo, Haakon VIII. Con su esposa, la reina Mette-Marit, y su hija, la princesa Ingrid Alexandra, que se convierte en la nueva heredera al trono, el nuevo monarca representa una continuidad de la monarquía moderna y cercana que supo forjar su padre.
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El Reino de Noruega, una nación que halló en Harald V un espejo de sus propios valores de igualdad y fortaleza, inicia ahora un nuevo capítulo. Las banderas ondean a media asta, mientras el país se prepara para un funeral de Estado que, sin duda, será un reflejo del profundo respeto y admiración que el rey Harald supo cosechar durante toda su vida.