Juegos Olímpicos
Quizá no se trate de la delegación más numerosa en el desfile inaugural. Tampoco de la que llega con la expectativa de arrasar con el medallero. Pero cuando la pequeña y significativa comitiva de México marche este viernes en la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Invierno de Milano-Cortina 2026, llevará consigo una carga poderosa: la de narrativas que trascienden el resultado deportivo para tocar la esencia misma del espíritu olímpico: la perseverancia, la herencia y la ruptura de moldes.
Con apenas cinco deportistas, la undécima expedición invernal de México en los Juegos Olímpicos está tejida con historias extraordinarias. La más destacada es la de Sarah Schleper, la esquiadora alpina de 46 años que, al competir aquí, tallará su nombre en la historia olímpica universal. Estos serán sus séptimos Juegos, un récord absoluto de participaciones para cualquier atleta invernal, hombre o mujer.

Su viaje, que inició compitiendo por Estados Unidos en Salt Lake City 2002, encontró un segundo aire con la camiseta verde de México, que ya vistió en Pekín 2022. En Cortina d’Ampezzo, no sólo será la competidora de mayor edad en su deporte, sino que también formará parte de un capítulo íntimo e inédito: competirá junto a su hijo, Lasse Gaxiola, de 18 años, convirtiéndose en la primera dupla madre-hijo en unos Juegos de Invierno.
Junto a ellos, otros nombres escriben sus propias líneas en el libro mexicano. Donovan Carrillo, el patinador artístico que cautivó al mundo en Pekín al convertirse en el primero de su país en clasificar a una final olímpica en la disciplina, vuelve con la madurez de quien ya vivió la presión de la gran cita. Sus entrenamientos en la pista olímpica se enfocaron en pulir la consistencia que le permita repetir, o superar, su hito previo. Con su participación, igualará el récord de más apariciones olímpicas para un patinador artístico mexicano.

En los campos de esquí de fondo, Regina Martínez hará historia por derecho propio al ser la primera mujer mexicana en competir en esta exigente disciplina de resistencia. Completa la delegación Allan Corona, su compañero en la misma modalidad.
El camino de México en los Juegos de Invierno, que arrancó de manera casi anecdótica con un equipo de bobsleigh en St. Moritz 1928, es una crónica de pasión contrapronóstico. Aún sin medallas, México ha construido una tradición de personajes memorables, como Hubertus von Hohenlohe y sus seis participaciones, y de momentos únicos, como la delegación de 20 atletas en Albertville 1992.
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Cuando la antorcha se encienda este viernes 6 de febrero, México estará representado no por una multitud, sino por un selecto grupo de pioneros. Uno que extiende los límites de la longevidad atlética, otro que carga con los sueños de un país en el hielo artístico, y una nueva generación que, literalmente, sigue los rastros de sus familiares. Su meta no es únicamente competir, sino que también seguir añadiendo, con cada bajada y cada zancada, páginas imborrables a su singular y perseverante historia olímpica.