Dawson's Creek
Televisión
James Van Der Beek, el actor que encarnó la melancolía adolescente de una generación como el soñador Dawson Leery en el icónico drama televisivo de los noventa, Dawson’ Creek, murió, a los 48 años, este miércoles 11 de febrero de 2026, en Austin, Texas.
Vía redes sociales, la familia del actor confirmó su fallecimiento, destacando que pasó sus últimas horas de vida con coraje, fe y gracia. Asimismo, solicitaron privacidad en estos momentos de duelo.
“Nuestro querido James David Van Der Beek falleció pacíficamente esta mañana. Él conoció sus últimos días con coraje, fe y gracia. Hay mucho que compartir con respecto a sus deseos, el amor por la humanidad y la sagrada del tiempo. Esos días vendrán. Por ahora pedimos privacidad pacífica mientras lamentamos a nuestro amado esposo, padre, hijo, hermano y amigo”. Se lee en la publicación de la cuenta de James Van Der Beek.
De acuerdo con los últimos informes, el actor libraba una batalla contra el cáncer colorrectal desde 2023, enfermedad que reveló públicamente un año después, ya en estadio 3. Durante ese tiempo, combinó tratamientos oncológicos con una ética de trabajo que nunca pareció abandonarlo.
Nacido en Cheshire, Connecticut, James David Van Der Beek descubrió el teatro en el instituto y pronto dio el salto a producciones off-Broadway. Pero fue en 1997 cuando su vida cambió para siempre. Kevin Williamson, un joven guionista que escribía sobre sus propias obsesiones cinéfilas en un pueblo costero ficticio, lo eligió para dar vida a Dawson Leery en ‘Dawson’s Creek’. La serie, estrenada en The WB, se convirtió en un fenómeno cultural y definió el drama juvenil de finales de los noventa.
Con sus diálogos rebosantes de referencias a Steven Spielberg y su dilema perpetuo entre el amor platónico y el deseo real, Dawson representaba una cierta inocencia en extinción. Mientras sus compañeros de reparto —Katie Holmes, Joshua Jackson y Michelle Williams— exploraban arcos más transgresores, Van Der Beek construyó un personaje que lidiaba con el peso de idealizarlo todo. No era el chico malo. Era el que aún creía en finales perfectos.
A diferencia de muchos actores encasillados por un papel adolescente, el intérprete logró desmarcarse con astucia y, a menudo, con humor. Su paso por la sátira Don’t Trust the B in Apt. 23, donde se parodiaba a sí mismo como un actor venido a menos obsesionado con su vieja gloria, reveló una capacidad poco común para reírse de su propio legado. En el cine, dejó huella con Varsity Blues (1999), que le valió un MTV Movie Award, y asomó la cabeza en el cine independiente con The Rules of Attraction.
Su carrera posterior fue errática; pero tenaz. Intervino en series de largo recorrido como Cómo conocí a vuestra madre, Criminal Minds y Pose, demostrando que el oficio podía más que los focos. Incluso participó en Dancing with the Stars y, ya enfermo, compitió en The Masked Singer, en 2025.
Van Der Beek contrajo matrimonio en 2010 con Kimberly Brook, con quien tuvo seis hijos. Fue Brook quien lo acompañó en cada etapa del tratamiento y quien, junto a sus hijos, representó al actor en el esperado reencuentro de Dawson’s Creek en septiembre pasado. Él no pudo asistir. Desde casa, grabó un mensaje para los fans.
Su última entrevista televisiva fue ocurrió en diciembre, en el programa Today. Allí dijo sentirse “mucho, mucho mejor que hace un par de meses”. Atribuyó al tratamiento una extraña pedagogía: le había enseñado paciencia, disciplina y fortaleza. En enero aún publicaba en redes sociales. El 25 de dicho mes dedicó un saludo de cumpleaños a su hija Annabel y a su padre, Jim.
Tenía previsto participar en Elle, la serie protosecuela de Legalmente rubia, cuyo estreno se espera para julio de este año y que cuenta con la participación de Reese Witherspoon como productora ejecutiva. También trabajó recientemente en la serie Overcompensating, con Jonah Hill como productor ejecutivo.
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Con su partida se cierra un capítulo de la televisión que él ayudó a definir: aquel en el que los adolescentes hablaban como adultos, la música de Paula Cole anunciaba el drama venidero y un chico con gorra de béisbol miraba el horizonte preguntándose si la vida imitaba al cine o al revés. Quizás, después de todo, solo quería un final a su altura.