Hollywood
Robert Duvall, el camaleónico actor de mirada acerada que construyó una de las trayectorias más impresionantes y versátiles del cine estadounidense, desde el consigliere Tom Hagen en El Padrino, hasta el lunático coronel Kilgore en Apocalypse Now, falleció el pasado domingo 15 de febrero en su casa de Middleburg, Virginia. Tenía 95 años.
De acuerdo con los recientes informes, su esposa, Luciana Duvall, confirmó el deceso a través de un comunicado publicado en la cuenta de Facebook del propio actor. Y destacó que el histrión falleció en paz, mientras se encontraba rodeado de sus seres queridos.
“Ayer nos despedimos de mi amado esposo, querido amigo y uno de los mejores actores de nuestro tiempo. Bob falleció en paz en su hogar, rodeado de amor y consuelo”. Publicó Lucilla Duvall en redes sociales.
“Para el mundo, fue un actor ganador del Óscar, un director y un narrador. Para mí, lo era todo. Su pasión por su oficio sólo se comparaba con su profundo amor por los personajes, una comida exquisita y su capacidad para conquistar el corazón. En cada uno de sus muchos papeles, Bob lo dio todo por sus personajes y por la auténtica esencia humana que representaban. Al hacerlo, nos dejó algo duradero e inolvidable”. Agregó.
Con una carrera que abarcó siete décadas, Duvall fue un actor de oficio, un hombre que esquivó el glamur de Hollywood para dedicarse por completo a la verdad de sus personajes. Ya sea que se tratara de un vaquero en Lonesome Dove, un predicador en The Apostle o un bebedor arrepentido en Tender Mercies (papel que le valió el Óscar al Mejor Actor en 1984), Duvall infundía a cada interpretación una humanidad tan discreta como arrolladora.
Robert Selden Duvall nació un 5 de febrero de 21931 en San Diego, California. Al contar con un padre que era oficial de la Marina, Duvall creció en un ambiente de disciplina militar; pero halló su verdadera vocación en la actuación. Tras servir en el ejército durante la Guerra de Corea, se mudó a Nueva York, donde estudió con el legendario Sanford Meisner en el Neighborhood Playhouse. Fue allí donde forjó amistades duraderas con otros dos jóvenes desconocidos en aquel entonces: Dustin Hoffman, con quien compartió apartamento, y Gene Hackman.

Su debut en el cine llegó de forma inolvidable en 1962, interpretando al enigmático Boo Radley en Matar a un ruiseñor, dirigida por Robert Mulligan. Aunque no pronunciaba una sola palabra, su mirada tras la puerta dejó una huella imborrable y anunció la llegada de un talento singular.
La década de 1970 fue su consagración. Bajo la dirección de Francis Ford Coppola, primero como Tom Hagen, el abogado leal de la familia Corleone en El Padrino (1972), por la que recibió su primera nominación al Oscar, y luego en El Padrino II (1974), Duvall se convirtió en un pilar del Nuevo Hollywood. Su negativa a participar en El Padrino III (por una disputa salarial) se convirtió en una cuestión de principios.
Pero si hay un momento que encapsula su carisma, es su aparición en Apocalypse Now (1979), nuevamente bajo la dirección de Francis Ford Coppola. Con su sombrero de vaquero y una frialdad pasmosa, el teniente coronel Kilgore pronunció una de las líneas más célebres de la historia del cine: “Me encanta el olor del napalm por la mañana”. La escena, rodada en una sola toma mientras los jets rugían sobre su cabeza, es pura esencia Duvall: una intensidad natural que no necesitaba aspavientos.
En 1983, Horton Foote, el guionista que recomendó para Matar a un ruiseñor, le brindó el papel de su vida: Mac Sledge, un cantante de country en decadencia que busca redención en Tender Mercies. Duvall, quien cantó sus propios temas, logró una interpretación de una sobriedad conmovedora que le valió la estatuilla dorada.
A diferencia de muchos de sus contemporáneos, Duvall nunca se encasilló. Podía ser el despiadado jefe de cadena de televisión en Network (1976), el marine violento de The Great Santini (1979), el escritor deportivo cínico de The Natural (1984) o el jefe de mecánicos de Días de trueno (1990). En la pantalla chica, su interpretación del veterano ranger Augustus McCrae en la miniserie Lonesome Dove (1989) es considerada por muchos la cumbre del género western, un papel que el propio actor calificó como su “Hamlet”.

Ya entrado en años, su pasión no decayó. Escribió, dirigió y protagonizó The Apostle (1997), un proyecto personal sobre un predicador pentecostal que le valió otra nominación al Óscar. Siguió trabajando hasta bien entrada la década de 2010, con papeles en El juez (2014), que le valió su séptima nominación de la Academia a los 84 años, y Widows (2018).
Forjado en la disciplina militar y en la libertad del método Meisner, Duvall fue un hombre de convicciones firmes, también en política, donde apoyó abiertamente a candidatos republicanos. En 2005, recibió la Medalla Nacional de las Artes de manos del entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush.
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Le sobrevive su cuarta esposa, Luciana Pedraza, con quien contrajo matrimonio en 2004. La familia informó que no se celebrará ningún servicio fúnebre formal. En su lugar, instaron a quienes deseen honrar la memoria de Duvall a hacerlo al ver una de sus distintas actuaciones.