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El pasado miércoles 23 de febrero de 2026, Citigroup anunció la venta de casi una cuarta parte de su filial Banamex a un selecto grupo de inversionistas globales, en una operación valorada en aproximadamente dos mil 500 millones de dólares.
La transacción, que coloca acciones por un 24 por ciento del Grupo Financiero Banamex en manos de entidades como General Atlantic, Blackstone y el fondo soberano de Catar (QIA), acelera drásticamente el cronograma de separación del gigante estadounidense respecto a su emblemática subsidiaria. Con este acuerdo, y sumado a la participación del empresario mexicano Fernando Chico Pardo —quien ya ostenta un 25 por ciento y funge como presidente del consejo—, Citi habrá colocado el 49 por ciento del capital del banco antes de que concluya 2026.
La jugada representa un giro notable en la estrategia de desinversión. Lejos de esperar a una Oferta Pública Inicial (OPI) masiva para salir del negocio, la entidad neoyorquina optó por cimentar el valor de la firma atrayendo a un puñado de inversores de primer nivel con un límite estricto: ninguno podrá superar el 4.9 por ciento del capital. La fórmula busca crear un núcleo de accionistas estables que apuntalen la cotización futura y validen la gestión, antes de que el banco salga a bolsa.

Ernesto Torres Cantú, máximo responsable de la división internacional de Citi, celebró la operación, “nos honra contar con el respaldo de estos compradores mientras nos preparamos para la oferta pública inicial propuesta de Banamex”, dijo. “Su inversión refuerza aún más la estrategia a largo plazo de Banamex, su liderazgo en el mercado y sus perspectivas de crecimiento, y su compromiso consolida la posición clave de Banamex dentro del sistema bancario mexicano”, agregó.
La operación no sólo tiene un peso simbólico por la calidad de los compradores; sino que también por las cifras. La valoración implícita en el acuerdo —que sitúa el precio en 0.85 veces el valor en libros y 1.01 veces el valor tangible— refleja una prima respecto a lo que algunos analistas preveían para una entidad que, si bien es icónica, arrastraba la incertidumbre de su proceso de separación.
Para algunos de los compradores, el movimiento tiene un cariz estratégico particular. General Atlantic calificó la adquisición como su mayor inversión de capital de crecimiento en la historia de México, mientras que el banco brasileño BTG Pactual busca afianzar su huella en el mercado mexicano. La inclusión de la aseguradora Chubb, ya socia de Banamex en el ramo de Propiedad y Accidentes, sugiere una profundización en las sinergias comerciales.
Fuentes cercanas a la negociación indican que el empresario mexicano Fernando Chico Pardo jugó un papel activo en la selección de los nuevos inversionistas para Banamex. Su participación, que lo consolida como el principal accionista privado individual, será clave en la integración de estos nuevos inversores minoritarios y en la gobernanza futura de la entidad durante el periodo previo a la OPI.
Citi quiso dejar claro que, tras este movimiento, no prevé realizar más ventas significativas durante 2026. La intención es clara: otorgar un horizonte de visibilidad a los nuevos inversores y permitir que sean ellos quienes, desde dentro, impulsen la creación de valor de cara a la esperada salida a bolsa
No obstante, la entidad matiza que el momento y la estructura de la futura OPI dependerán de las “condiciones de mercado” y las “aprobaciones regulatorias”, una cautela lógica en un entorno financiero global que aún digiere los efectos de la inflación y las altas tasas de interés.
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Mientras tanto, la desinversión de Banamex se perfila como la operación central en la reconfiguración de Citi. Con la venta de su negocio de consumo en Polonia ya acordada, la salida de los mercados de consumo internacionales está “cerca de completarse”, según el comunicado, liberando al gigante estadounidense para concentrarse en su negocio de banca institucional transfronteriza.