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Durante generaciones, el ritual de completar el álbum de estampas del Mundial de Panini de la FIFA se volvió algo tan sagrado como el propio torneo. Pero el tablero del coleccionismo acaba de temblar. La FIFA y Fanatics, el gigante estadounidense del deporte y el comercio, anunciaron una alianza exclusiva y a largo plazo que, a partir de 2031, convertirá a la marca Topps —propiedad de Fanatics— en la encargada de producir y distribuir todas las cartas, cromos y juegos coleccionables del organismo rector del fútbol mundial.
El movimiento no es menor. Rompe una relación de más de medio siglo con la italiana Panini con la FIFA, que, desde el Mundial de México 1970, se convirtió en la imagen del coleccionismo mundialista. De acuerdo con los últimos informes, el contrato con Panini se mantendrá vigente hasta el Mundial de 2030, incluidos los torneos femeninos. Pero, a partir de 2031, la exclusividad será total para Fanatics Collectibles, que operará bajo el sello de Topps.
En declaraciones recogidas por varios medios internacionales, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, defendió la decisión como una apuesta por la innovación: “Fanatics está impulsando una transformación masiva en el coleccionismo, ofreciendo a los aficionados una forma nueva y significativa de conectar con sus equipos y jugadores favoritos”. Infantino añadió que este acuerdo representa una vía de ingresos comerciales que, como es habitual, se reinvertirá en el desarrollo del fútbol base.
Una de las novedades más llamativas del acuerdo es la inclusión, por primera vez en el fútbol internacional, de los llamados “jersey patch cards”: parches auténticos de camisetas integrados en las cartas coleccionables. Entre ellos, los parches de jugadores debutantes, una iniciativa que Topps ya aplicó con éxito en otras disciplinas como la MLB, la NBA, la NFL, la Fórmula 1 o la MLS.
El mercado de estos objetos alcanzó cifras sorprendentes. Por dar un ejemplo, una carta con el parche de novato del lanzador Paul Skenes se vendió por 1.1 millones de dólares en marzo pasado. Y una pieza con parches de Michael Jordan y Kobe Bryant alcanzó los 3.2 millones en diciembre de 2025. La expectativa es que los futbolistas del próximo ciclo mundialista generen un nivel de interés similar.
“Este es un día histórico para nuestra empresa. Ningún otro deporte ofrece el potencial de crecimiento internacional del fútbol”, afirmó Michael Rubin, fundador y consejero delegado de Fanatics. Rubin, que convirtió Fanatics en una plataforma con más de 22 mil empleados y 100 millones de aficionados alcanzados globalmente, subrayó la capacidad de la compañía para conectar el espíritu emprendedor con la narrativa del balompié.
Más allá del negocio, el acuerdo incluye una cláusula de impacto social. Fanatics se comprometió a distribuir más de 150 millones de dólares en coleccionables gratuitos a jóvenes de todo el mundo. Ello con la intención de fomentar el fútbol base y acercar la magia del deporte a regiones desfavorecidas. De acuerdo con los datos aportados por la propia compañía, esa cifra supone una de las mayores inversiones privadas en promoción juvenil vinculada a un contrato de licencias.
“Estamos encantados de colaborar con la FIFA para ofrecer a aficionados y coleccionistas los productos más innovadores y que más les hagan conectar con sus jugadores favoritos en las principales competiciones”. Resaltó Mike Mahan, director ejecutivo de Fanatics Collectibles. Y agregó que “a través de nuestra oferta de vanguardia, pretendemos impulsar el interés por el fútbol, tanto amateur como internacional”.
La relación entre ambas entidades no es nueva. Fanatics ya opera como minorista oficial de la Copa Mundial de 2026, que se disputará en Estados Unidos, México y Canadá, gestionando las tiendas en estadios y en el FIFA Fan Festival. Pero el primer gran escaparate de esta alianza será el Fanatics Fest NYC 2026, un festival para aficionados que se celebrará en el Javits Center de Nueva York del 16 al 19 de julio de 2026.
De acuerdo con el calendario publicado, el viernes 17 de julio —dos días antes de la final— se celebrarán en el propio festival las ruedas de prensa previas al partido decisivo, con presencia de entrenadores y jugadores de las dos selecciones finalistas. Ya el domingo 19 de julio, decenas de miles de aficionados podrán seguir la final en pantallas gigantes instaladas en los alrededores del centro de convenciones, en una experiencia que pretende trasladar el fervor del estadio al corazón de Manhattan.
El giro hacia Fanatics y Topps no sólo supone un cambio de proveedor, sino una reconfiguración del ecosistema del coleccionismo deportivo. Topps, adquirida por Fanatics en 2022, acumula ya los derechos exclusivos de la MLB, la NBA, la NFL, la Fórmula 1 y la UEFA. De hecho, Panini perdió también su exclusividad en la NFL esta misma primavera. Ambas, de acuerdo con información de Yahoo Sports, ambas empresas mantienen actualmente una batalla legal por presuntas prácticas monopólicas.
Fanatics, por su parte, diversificó su negocio en cinco grandes áreas —Commerce, Collectibles, Betting & Gaming, Events y Studios— y colabora con más de 900 entidades deportivas, incluidos más de seis mil deportistas. Su incursión en la producción de contenidos a través de Fanatics Studios, en alianza con OBB Media, apunta a una estrategia integral que busca controlar la experiencia del aficionado desde la compra de la camiseta hasta el coleccionable digital y el documental exclusivo.
Para los aficionados que crecieron pegando cromos de Panini con olor a pegamento y tardes de intercambio en el patio de la escuela, la noticia tendrá un sabor agridulce. Pero, como recordó el propio Infantino, el fútbol nunca deja de reinventarse. Tampoco lo hará la manera de guardar sus recuerdos.
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A partir de 2031, cuando el primer mundial bajo este nuevo régimen comience a disputarse, el álbum tradicional compartirá espacio con la carta digital, el parche auténtico y una industria global que ya mueve, sólo en el sector de coleccionables, decenas de miles de millones de dólares. La próxima generación de aficionados coleccionará, probablemente, de una forma que hoy apenas empezamos a imaginar.