Club América
Estadio Banorte
Ollamani
Ollamani, el conglomerado que controla al Club América y al Estadio Banorte, anunció los términos definitivos de su alianza estratégica con General Atlantic, la firma neoyorquina de capital de crecimiento. La operación —que otorga a General Atlantic una participación del 49 por ciento en el nuevo vehículo denominado Grupo Águilas— valora el negocio en 490 millones de dólares, una cifra que, aunque sujeta a ajustes por deuda neta y otros conceptos al cierre, coloca a la dupla deportivo-inmobiliaria en la liga de los activos más codiciados de la región.
Ollamani conservará el 51 por ciento restante y, con ello, el control operativo y la dirección estratégica. Sin embargo, lo novedoso no es sólo el capital, sino la arquitectura del acuerdo: General Atlantic no llega como un inversor pasivo, sino como un socio que, además del dinero, aporta una alianza triangular con Kraft Analytics Group (KAGR), la firma de datos y consultoría que ya trabajó con equipos de la NFL, la NBA y la Premier League. KAGR proveerá su plataforma de analítica avanzada para mejorar la experiencia del aficionado, optimizar la relación con los 30 millones de seguidores en México y los 15 millones en Estados Unidos. Así como también para expandir el alcance comercial del club más ganador del país.
El dato no es menor: el América, fundado en 1916, acumula más de 40 títulos nacionales e internacionales, incluyendo un tricampeonato consecutivo en los últimos cinco torneos. No obstante, su verdadero activo es una masa crítica de afición binacional que ningún otro equipo mexicano puede igualar. General Atlantic, que desde 2015 invirtió cerca de tres mil millones de dólares en 14 empresas mexicanas, apuesta precisamente a esa capacidad de convocatoria.
“Ollamani se encuentra en la intersección del deporte, el entretenimiento y la innovación. Nos sentimos orgullosos de asociarnos con Emilio y el equipo directivo de Ollamani, para impulsar nuevas oportunidades de crecimiento, y nos emociona profundizar nuestro compromiso con el dinámico mercado mexicano y su potencial internacional”. Declaró Luis Cervantes, director general de General Atlantic en la CDMX, en el comunicado.
El rol de Emilio Azcárraga Jean, accionista controlador de Ollamani, quedó blindado: fungirá como presidente ejecutivo de Grupo Águilas, garantizando la continuidad de una visión que llevó al club a una era de dominio deportivo y a su estadio —el único en el mundo que ha albergado partidos de dos Copas del Mundo y que será sede del partido inaugural de la Copa Mundial de la FIFA 2026— a un programa integral de modernización. El Estadio Banorte, que recientemente firmó un contrato multianual de derechos de nombre con el banco homónimo, está en plena expansión de sus áreas de hospitalidad y capacidades tecnológicas.
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El destino del dinero obtenido también revela prioridades. Ollamani utilizará los recursos principalmente para distribuir valor a sus accionistas, de conformidad con la ley y las aprobaciones corporativas. Es decir, un retorno directo al capital privado. Pero el comunicado también insiste en que la alianza permitirá inversiones operativas y tecnológicas críticas. Así como el desarrollo de los terrenos adyacentes al estadio.
“En Ollamani consistentemente buscamos dar forma al futuro del futbol en México. Nos entusiasma avanzar con nuestra visión de apoyar el crecimiento a largo plazo del Club América, el Estadio Banorte y los terrenos adyacentes, la cual está arraigada en la identidad, historia y valores del Club América. Esta nueva alianza estratégica nos posiciona para la siguiente fase de crecimiento mientras expandimos nuestro alcance y proporcionamos experiencias aún más inolvidables para los fans en México y en el extranjero”, señaló Emilio Azcárraga.
Quedan, desde luego, aprobaciones pendientes: la Comisión Nacional Antimonopolio y la asamblea general de accionistas de Ollamani deberán dar su visto bueno. Como preludio de lo que ocurrirá en esa votación, ciertos accionistas —entre ellos el propio Azcárraga Jean— ya firmaron acuerdos con General Atlantic para respaldar la transacción. El cierre parece, salvo sorpresas, un trámite.
Para el aficionado común, esta noticia puede sonar a un cambio de dueños en las sombras. Pero para quien observa la industria, es un ensayo de lo que probablemente vendrá en el futbol mexicano: la entrada de capital sofisticado, la profesionalización de la gestión de datos, y una apuesta por convertir a los clubes en plataformas de entretenimiento global. El América es, históricamente, el club de las grandes audiencias. Ahora también quiere ser el de las grandes plusvalías.