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Este martes, la Selección Mexicana de fútbol cambió el césped por las losas de obsidiana y basalto del Museo Nacional de Antropología (MNA). Ello en un acto que la Secretaría de Cultura definió como parte del denominado “Mundial Social”.
Acompañados por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), los jugadores y directivos de la Federación Mexicana de Fútbol (FMF) realizaron un recorrido guiado por uno de los recintos más concurridos del país — el único recinto patrimonio cultural que posee el máximo nivel de salvaguarda bajo el Emblema Escudo Azul de la UNESCO—, distinción reservada para bienes culturales protegidos ante conflictos armados o desastres naturales, según los criterios de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.
“En el marco del Mundial Social, queremos que el fútbol dialogue con nuestra historia, con los pueblos que nos dieron origen y con las expresiones vivas de las comunidades que siguen creando el país todos los días”, declaró ante los jugadores la secretaria de Cultura, Claudia Curiel de Icaza. La funcionaria impulsa esta iniciativa que busca resignificar al balompié no sólo como espectáculo, sino como patrimonio inmaterial.

Durante la visita, los futbolistas de la Selección Mexicana observaron una réplica etnográfica de una pelota de Ulama proveniente de Sinaloa —un juego de cadera prehispánico con más de tres mil años de antigüedad, antecedente directo de los juegos de pelota mesoamericanos—. Frente a las vitrinas, los especialistas del INAH explicaron el sistema de tanteo mexica y las reglas rituales de aquella práctica, que combinaba competencia, cosmogonía y tributo ceremonial.
La comitiva se detuvo largamente en la Sala Mexica. Allí, una de las piezas que generó mayor atención fue la Piedra del Ex Arzobispado, un monolito que registra escenas de batallas protagonizadas por guerreros mexicas, con jeroglíficos que aluden a fechas y topónimos aún en desciframiento. También se acercaron al relieve de la Piedra del Sol, cuyo disco de poco más de 24 toneladas representa la cosmovisión del Quinto Sol. El arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma, investigador emérito del INAH, señaló en diversos estudios que esta pieza no funcionaba como un calendario práctico, sino como una expresión de poder y sacrificio cósmico. Los jugadores posaron ante ella para la fotografía de cierre.
Otra imagen ya circula en redes sociales y en los boletines oficiales: la del equipo nacional frente a “El Paraguas”, la fuente escultórica del patio central del museo, proyectada por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez en los años sesenta.

La jornada finalizó con un gesto íntimo: dos maestras artesanas de Chiapas, Anastacia Gómez y María Gómez Ruiz, entregaron a cada jugador un identificador textil para maleta, tejido en telar de cintura con brocado personalizado. Cada pieza llevaba bordado el nombre del futbolista, como un recordatorio de que, en México, la cultura no sólo se exhibe en los museos: también se hila, se suda y se patea.
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Mientras la Selección se prepara para sus próximos compromisos internacionales, la Secretaría de Cultura continúa impulsando esta lectura antropológica del deporte. “El fútbol —dice el boletín oficial— es una expresión cultural que une a los pueblos.” Ante la Piedra del Sol, al menos por una tarde, la afirmación no pareció una metáfora.