Hollywood
Sydney Sweeney
Durante la oscuridad de la noche, una silueta se movía contra el resplandor de la ciudad. No trató de un personaje de Euphoria o The White Lotus, sino de la propia Sydney Sweeney, protagonizando una secuencia que podría haber sido extraída de un guion: un ascenso nocturno (y deliberado) al icónico letrero de Hollywood, en Los Ángeles, California.
Su misión: colgar una serie de sujetadores en la letra “H” del monumento. El acto, coreografiado para una cámara de cuerpo y un equipo de filmación, no era performance artístico clandestino, sino el núcleo de una campaña promocional de alto riesgo para su nueva línea de lencería, un emprendimiento respaldado financieramente por Jeff Bezos.
No obstante, en el meticuloso mundo de los permisos y la propiedad intelectual de Los Ángeles, la línea entre el marketing audaz y el delito puede ser tan delgada como un alambre de un tendedero. Y según varias autoridades, Sweeney y su equipo bien pudieron cruzarla.
La producción, según reportes, sí contaba con un permiso emitido por FilmLA para operar en las inmediaciones del cartel. Pero esos permisos son documentos de una precisión burocrática extrema. No obstante, según el medio TMZ, dicha autorización explícitamente no permitía tocar, escalar o alterar la estructura de 45 pies de altura. Adicionalmente, estipulaba restricciones específicas sobre el uso comercial de la imagen del letrero, un activo registrado como propiedad de la Cámara de Comercio de Hollywood.
Por su parte, Steve Nissen, CEO de la Cámara de Comercio de Hollywood aseveró que la Cámara no tenía conocimiento, y que tampoco concedieron algún tipo de permiso para que la actriz realizase alguna producción con fines comerciales en el letrero. Por lo que Sweeney sí podría enfrentar consecuencias legales, en caso de que la Cámara decida proceder.

La transgresión podría tener ramificaciones más allá de una multa administrativa. Las acciones —el acceso no autorizado a una estructura privada y la colocación de objetos sobre ella— podrían ser examinadas bajo figuras legales como allanamiento y vandalismo. Aunque es improbable que se persiga penalmente a la estrella, una demanda civil por daños o por violación de marca registrada es un escenario plausible, con potencial para generar una publicidad negativa que eclipse el golpe mediático inicial.
La campaña, por lo tanto, se erige como un estudio de caso sobre la economía de la atención en la era del streaming. Sweeney, una de las actrices más visibles de su generación, ha canalizado su capital cultural hacia un ambicioso proyecto empresarial: una línea de lencería en la que ha trabajado por más de un año y que cuenta con el respaldo del fundador de Amazon, Jeff Bezos. Esta asociación comercial explica su presencia en la alta sociedad, como su asistencia a la lujosa boda de Bezos y Lauren Sánchez el verano pasado.

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El episodio del cartel refleja una estrategia calculada donde la controversia es una característica, no un error. En un paisaje mediático saturado, el gesto busca cortar el ruido: transformar un símbolo pasivo del sueño hollywoodense en un anuncio activo y provocador. No obstante, pone de relieve la tensión perenne en la ciudad del cine: ¿hasta dónde puede llegar una producción, aunque sea una de una sola persona, en favor de una toma perfecta antes de que la fantasía colisione con la ley?