Sarampión
Secretaría de Salud
Un resurgimiento del sarampión, una enfermedad viral que alguna vez se consideró eliminada en gran parte del hemisferio occidental, está desafiando los sistemas de salud pública en todo el continente americano. México, que no registraba transmisión endémica desde hace años, se encuentra ahora en el centro de este nuevo brote, con cientos de casos confirmados que han activado una respuesta nacional de emergencia.
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) emitió alertas sobre el aumento de casos en varios países, un fenómeno que los epidemiólogos atribuyen a brechas en la cobertura de vacunación, exacerbadas por la pandemia de COVID-19 y la desinformación. En México, la chispa que encendió el brote fue un caso importado detectado el 14 de febrero de 2025: una niña no vacunada en el estado norteño de Chihuahua.
Los datos oficiales son elocuentes: más del 90 por ciento de los casos confirmados corresponden a personas que nunca recibieron la vacuna. Las complicaciones graves y las muertes, aunque limitadas en número, se concentran casi exclusivamente en niños pequeños con esquemas incompletos, personas con desnutrición o aquellos con sistemas inmunológicos comprometidos.
De acuerdo con el Sistema Especial de Vigilancia Epidemiológica de Enfermedad Febril Exantemática, hasta el pasado 18 de enero de 2026, en México se tiene conocimiento de siete mil 131 casos confirmados de sarampión.
Frente a la amenaza, la Secretaría de Salud de México desplegó un arsenal de protocolos diseñados para contener la propagación. La estrategia se asemeja a un esfuerzo bélico contra un enemigo invisible, pero medible.
Hasta ahora, las autoridades reportan la aplicación de más de 11.8 millones de dosis de la vacuna contra el sarampión en todo el país, priorizando a la población más susceptible.
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La Secretaría de Salud hizo un llamado urgente a revisar las cartillas de vacunación y completar los esquemas. El mensaje subyacente es claro: la contención de este brote no depende sólo de la acción gubernamental, sino que también de una decisión colectiva de proteger a los más vulnerables reconstruyendo, dosis a dosis, el escudo de inmunidad que una vez mantuvo a raya a esta vieja amenaza.