Floyd Mayweather
Netflix
La primera vez fue “El Combate del Siglo”. Esta vez, bien podría ser “El Combate de la Década Digital”. En un movimiento que sacude los cimientos del pugilismo y la industria del streaming, Floyd Mayweather y Manny Pacquiao, dos veteranos que suman 96 años de vida y un legado inmenso, acordaron volver a ponerse los guantes para ofrecer una pelea exclusiva de Netflix.
La velada está pactada para el 19 de septiembre de 2026 en el Sphere, la monumental estructura de esferas LED que redefinió el concepto de inmersión visual en Las Vegas. No obstante, el verdadero cambio de paradigma no ocurrirá sólo dentro del recinto, sino en las pantallas de todo el planeta. Netflix, el titán del streaming, será el anfitrión de esta función, transmitiendo el combate en vivo y en directo a su base de más de 325 millones de suscriptores globales, sin recurrir al tradicional y lucrativo modelo de pago por evento.
La noticia, confirmada por la plataforma y las empresas promotoras (Mayweather Promotions, Manny Pacquiao Promotions, junto a EverWonder Studio y otros socios), convierte este duelo en un híbrido fascinante: un evento de boxeo de alto calibre con la accesibilidad de un estreno cinematográfico.
Para entender la magnitud de esta cita, es inevitable viajar en el tiempo. La historia entre ambos se escribió con tinta indeleble la noche del 2 de mayo de 2015. En el MGM Grand Garden Arena, Mayweather, el estratega defensivo por excelencia, neutralizó la tormenta filipina para llevarse una victoria por decisión unánime. Aquella pelea, que prometía resolver la gran incógnita de una generación, consolidó el invicto de “Money” (que hoy cuenta 50-0) y estableció récords financieros astronómicos: 4.6 millones de compras de PPV y una taquilla que superó los 72 millones de dólares.
Sin embargo, para algunos aficionados, el combate dejó un regusto agridulce. La expectativa por un intercambio bélico chocó con la intrincada lección de ajedrez de Mayweather. Fue un éxito comercial, pero un clímax emocional inconcluso.

Ahora, con casi once años de por medio, la narrativa es otra. Ya no se trata de dictar quién es el mejor de una era, sino de dos leyendas que regresan al ruedo profesional para escribir un epílogo.
Mayweather, de 49 años, vivió en un retiro poroso desde 2017, dedicándose a exhibiciones de alto perfil (y alta remuneración) en distintas partes del mundo. Su regreso al boxeo profesional, con licencia vigente, es una declaración de intenciones. “El resultado será el mismo”, anticipó el estadounidense, en un mensaje claro de que su legado de invicto es una fortaleza que no está dispuesto a derribar. Cabe recordar que, además, tiene en agenda un combate de carácter no profesional contra Mike Tyson en la República Democrática del Congo el próximo abril.
Pacquiao, de 47 años, llega con una sed distinta. El único boxeador en la historia en ganar títulos mundiales en ocho divisiones diferentes (62-8-3) nunca digirió del todo la narrativa de 2015. Su última incursión en el boxeo profesional ocurrió en julio de 2025, un combate sin decisión ante Mario Barrios. Para el senador filipino, esta revancha trasciende lo económico; es la oportunidad de grabar a fuego una actuación que sus compatriotas y el mundo puedan celebrar sin reservas. “los aficionados ya esperaron demasiado”, declaró Pacquiao. “Esta pelea será todavía mayor y la dedicaré a traer gloria a Filipinas”, añadió el pugilista.
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La pregunta que flota sobre el desierto de Nevada es si la magia resistirá el paso del tiempo. Si bien el rostro del boxeo actual es muy distinto (como lo demostró la reciente victoria de Anthony Joshua sobre el youtuber Jake Paul el pasado diciembre, también en una transmisión de Netflix), el apellido Mayweather y Pacquiao siguen siendo sinónimo de evento global. La pelea ya no definirá al mejor libra por libra; pero sí resolverá una deuda histórica: la de brindar un espectáculo que, once años después, esté a la altura de la leyenda.