Cruz Azul
Liga MX
Pumas
En el catálogo de finales, de esas que se quedan grabadas en la historia, el futbol mexicano anotó un capítulo inolvidable la noche del domingo. En un infierno de tensión, lesionados y expulsiones, el Cruz Azul silenció el Estadio Olímpico Universitario con un gol de Rodolfo Rotondi en el minuto 95, sellando un 2-1 para consagrarse campeón del Torneo Clausura 2026.
La Máquina del Cruz Azul, fiel a su apodo, funcionó con la precisión de un reloj suizo en el momento más crítico, arrebatándole el trofeo a unos Pumas que se desangraron física y emocionalmente en los compases finales. Esta es la décima estrella en la historia de la institución celeste, un título que llegó envuelto en el drama y la polémica.
El guion de los primeros 45 minutos parecía escrito por el destino para honrar a Keylor Navas. El arquero costarricense, veterano de mil batallas, sostenía a Pumas con la autoridad de un director de orquesta. Cuando Carlos Rotondi, Gonzalo Piovi o José Paradela intentaron vulnerar la portería local en los primeros compases, Navas respondió con la seguridad de un felino experto. Sus intervenciones tempranas fueron un muro infranqueable que amenazaba con llevar la serie a un terreno insalvable para la Máquina.
Contra la corriente del juego, y con la eficiencia que dictan los manuales del contragolpe, los delanteros de la UNAM encontraron la fisura. Corría el minuto 31 cuando el paraguayo Robert Morales, ‘La Pantera’, recibió en la medialuna. Sin mayores ceremonias, sacó un disparo violento y cruzado que se incrustó en el ángulo de Kevin Mier. El 1-0 encendió el infierno azul y dejó a Cruz Azul al borde del abismo, con la serie global empatada; pero con la moral local por las nubes.
El segundo tiempo fue una metamorfosis. No sólo del juego, sino de la fortuna. Cruz Azul, herido en su orgullo, salió con la desesperación ordenada del que sabe que el tiempo se agota. No obstante, fue un error fortuito, una ironía del destino, la que cambió el rumbo de la historia.
Al minuto 54, un centro raso al corazón del área buscaba a un delantero celeste. Fue entonces cuando el defensa español Rubén Duarte, en un acto reflejo desafortunado, intentó cortar el pase y desvió el esférico hacia su propia portería. Keylor Navas, imbatible por el disparo rival, no pudo hacer nada ante la desgracia del defensa de los Pumas. El 1-1 empataba la serie, pero el golpe anímico para los universitarios resultó ser un nocaut.
El gol fue el detonante de un colapso físico. El mediocampista panameño Adalberto ‘Coco’ Carrasquilla, pieza clave en el engranaje felino, tuvo que abandonar el terreno de juego entre lágrimas por una lesión muscular. Minutos después, el propio Duarte también salió lesionado. Pumas perdía su estructura, mientras Cruz Azul, liderado por el ímpetu de Rotondi y la claridad de Agustín Palavecino, comenzaba a cercar el área rival con insistencia quirúrgica.
Cuando los 90 minutos expiraban y el estadio se preparaba para una prórroga que olía a muerte súbita, la tempestad se desató. Una entrada temeraria de Uriel Antuna sobre Jeremy Márquez, inicialmente sancionada con amarilla, fue revisada por el VAR. El árbitro, tras mirar el monitor, no dudó: tarjeta roja. Pumas se quedaba con diez jugadores en el momento más delicado.
En el tiempo de compensación, al minuto 94, el argentino Carlos Rotondi se disfrazó de héroe. Tras un rebote dentro del área que la defensa local no pudo despejar, Rotondi anotó el ansiado 2-1 que los ponía, básicamente, con la décima en su poder.
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La noche terminó en caos. En los últimos segundos, expulsaron a Ángel Jesús Rico, dejando a Pumas con nueve jugadores, consumando así la debacle. Para Cruz Azul, dirigido por Joel Huiqui, la celebración es doble. Acaban con una sequía de cinco años sin levantar el trofeo y alcanzan una cifra redonda: 10 títulos de Liga, consolidándose en la élite del futbol mexicano. Para Pumas, queda el sabor amargo de una final que tuvieron controlada y se les escapó entre lesiones, errores y la indomable voluntad de una Máquina que nunca dejó de funcionar.