Arte
Maurizio Cattelan
La tranquilidad de las salas del Centre Pompidou-Metz, en Lorena, Francia, quedó interrumpida cuando una pieza de arte fue robada de una de sus galerías. De acuerdo con la denuncia del propio museo, se trata de la obra “Comedian”, una de las piezas más provocadoras del arte contemporáneo, de Maurizio Cattelan. El plátano, fijado al muro con un pedazo de cinta adhesiva plateada, desapareció de su lugar.
El museo confirmó a las autoridades que un guardia de seguridad descubrió el robo el sábado por la tarde. Se desconoce si el ladrón actuó movido por el hambre… el deseo de poseer una pieza del mercado del arte o la más pura intención de causar caos en el discurso institucional. Hasta el momento, todo lo que se sabe es que el museo presentó una denuncia formal contra el audaz ladrón hasta ahora desconocido.
Cabe resaltar que no es la primera ocasión en que la obra de Cattelan sufre algún percance. En julio de 2025, un visitante a la exposición se comió el plátano expuesto. En esa ocasión no hubo una acción legal; sin embargo, en esta ocasión todo indica que optaron por proceder legalmente.
Para el observador casual, podría parecer que el museo está montando un escándalo mayúsculo por la pérdida de una fruta en estado de descomposición. No obstante, como explica la propia naturaleza del arte conceptual, el objeto físico es lo de menos.
Comediante (2019) no es la banana en sí; sino que su valor como obra recae en un certificado de autenticidad y el protocolo que rige su presentación. La obra existe en tres ediciones (dos de las cuales han sido adquiridas y una tercera que permanece en colección institucional) y su protocolo de exhibición es tan estricto como absurdo: la banana debe ser reemplazada cada tres días por una fruta fresca del mismo tamaño y curvatura.
Esto significa que, técnicamente, el objeto sustraído era una simple pieza de inventario del supermercado local, con un valor mínimo. La policía de Metz no está buscando un plátano podrido; está investigando el robo de un concepto valuado en millones.
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La historia de esta pieza es casi tan indigesta como su aspecto. Cuando debutó en 2019 en Art Basel Miami, la edición numerada se vendió por 120 mil dólares, una cifra que ya entonces provocó espasmos en la crítica. Pero el mercado del arte, que Cattelan se burla al exponer su arbitrariedad, respondió con una lógica implacable: en 2021, una de las ediciones se revalorizó hasta poco más de seis millones de dólares en una subasta de Sotheby’s.
El comprador de la pieza fue Justin Sun, fundador de la plataforma de criptomonedas Tron. Fiel al espíritu meme de la obra, Sun la devoró frente a las cámaras en una conferencia de prensa en Hong Kong, declarando: “Sabe mucho mejor que otros plátanos”.
La pregunta que resuena hoy en los pasillos del Centre Pompidou-Metz es si este robo supone el colapso definitivo de la ficción de Comediante o si, por el contrario, la legitima aún más. Cattelan, conocido por obras como “La Nona Ora” (el Papa Juan Pablo II aplastado por un meteorito) o el inodoro de oro macizo “America” (robado en 2019 de Blenheim Palace), construye su carrera sobre los cimientos de la polémica y el valor simbólico.
Al llevarse la fruta, el ladrón no se llevó la obra. La obra sigue ahí, en la pared vacía, señalada por un trozo de cinta adhesiva que nadie se molestó en arrancar. De hecho, el museo ya reinstaló un nuevo plátano para que la exhibición continúe.
Mientras, la policía busca a una persona que, paradójicamente, no se ha robado nada que el museo no estuviera a punto de tirar a la basura. El arte, como la fruta, parece estar en la boca del espectador — o en este caso, en la bolsa del ladrón. La investigación continúa.