Cruz Azul
Liga MX
El proyecto de reconstrucción en La Noria llegó a un final abrupto. En un movimiento que, aunque esperado por la afición, sacude la estructura del club, Cruz Azul anunció la salida del director técnico argentino Nicolás Ricardo Larcamón, de 41 años.
La decisión, tomada tras una reunión entre el presidente Víctor Velázquez y el director deportivo Iván Alonso, pone fin a un ciclo de dos torneos marcado por la irregularidad y una caída libre en el rendimiento que dejó al equipo sin identidad en el momento más crítico del calendario.
Con un récord que muchos clubes envidiarían —24 victorias, 16 empates y sólo siete derrotas en 47 partidos— los números de Nicolás Larcamón parecen, a simple vista, los de un estratega exitoso. No obstante, en el volátil ecosistema de la Liga MX, las estadísticas frías no soportan el peso de la realidad inmediata. El detonante fue tan claro como devastador: nueve partidos sin conocer la victoria.
La última alegría para la Máquina se remonta al 10 de marzo, un triunfo 2-3 sobre Monterrey en la ida de los octavos de final de la Concacaf. Desde entonces, un ciclo vicioso de empates (siete) y derrotas (dos) consumió la paciencia de una directiva que, apenas hace semanas, había blindado al estratega.
El golpe de gracia simbólico llegó el pasado fin de semana. En el Estadio La Corregidora, ante un Querétaro en apuros, Cruz Azul no pasó del 1-1. Fue el noveno partido en seco. Pero más allá del resultado, fue el contexto lo que selló la sentencia: un autogol reflejó la ansiedad de un vestidor sin respuestas.

El desgaste no fue únicamente institucional o estadístico. El olor a fin de ciclo impregnó el vestuario hace semanas. El gesto más revelador ocurrió cuando el mediocampista Agustín Palavecino —un refuerzo solicitado expresamente por el propio Larcamón— evitó deliberadamente saludar al entrenador tras ser sustituido. Para una directiva que prioriza el “fondo y la forma” por encima de los resultados inmediatos, ese gesto fue la confirmación de que el mensaje del técnico ya no calaba en el grupo.
La salida de Larcamón se produce en un momento de profunda transición para la institución. Cruz Azul, fundado en 1927 por la Cooperativa La Cruz Azul, es uno de los clubes más emblemáticos y, paradójicamente, más atormentados del continente. Ostenta el récord de ser el máximo campeón de la Concacaf (seis títulos); pero en la Liga MX vive una obsesión contemporánea: no logra levantar el trofeo de liga desde 2021, cuando rompió una sequía de 23 años.
Larcamón llegó en 2025 con la misión de modernizar el estilo de un equipo acostumbrado a la rudeza. En su primer semestre, cumplió al llevar al equipo a semifinales. No obstante, los fantasmas regresaron con estrépito en la Leagues Cup, cuando el equipo sufrió una humillante goleada de 7-0 ante Seattle Sounders, una mancha difícil de borrar en su expediente.
El ciclo se cierra, entonces, con una paradoja. Cruz Azul marcha actualmente en la cuarta posición general del Clausura 2026, lo que garantiza un lugar en la Liguilla por el título. Pero en el ambiente reinaba la certeza de que, con este rumbo, ese boleto era un pase hacia el fracaso. La directiva decidió no esperar al desastre.
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Mientras la directiva negocia la llegada de un nuevo estratega —en los pasillos de La Noria suena con fuerza el nombre de Antonio “Turco” Mohamed, un viejo anhelo de la casa—, el interino tomará las riendas el domingo. La cita será en el renovado Estadio Banorte, el regreso a casa que Larcamón reclamó con ironía, pero al que ya no se subirá. La Máquina intentará volver a encender sus motores. Sin su conductor.