Atlético de San Luis
Liga MX
El Atlético de San Luis vuelve a dar la nota. Hace unos meses anunciaron que su icónico estadio ahora se llama Libertad Financiera y, ahora, hacen otro cambio, al destituir a Guillermo Abascal como su director técnico del primer equipo varonil. ¿El motivo? Los bajos resultados obtenidos durante el torneo Clausura 2026.
El proyecto de Guillermo Abascal en el Atlético de San Luis comenzó a mostrar signos de agotamiento mucho antes de que el calendario marcara la recta final del torneo. Lo que durante semanas se percibió como una incomodidad latente —resultados adversos, un juego sin identidad definida y una afición progresivamente desconectada— terminó por cristalizarse este lunes en una decisión que, aunque esperada, no por ello deja de ser reveladora sobre la fragilidad de los procesos en la Liga MX.
El club potosino anunció la salida del estratega español a través de un comunicado de apenas unas líneas, un formato escueto que contrasta con la ambición con la que presentaron a Abascal hace algo más de un año. En el mensaje, la directiva habla de un “convenio” para concluir su etapa como director técnico del equipo de manera anticipada, un término que en el argot del futbol suele traducirse como la constatación de un divorcio irreversible entre la visión del entrenador y las exigencias del presente.
Guillermo Abascal deja el cargo con una estadística que difícilmente admite matices: en 31 partidos al frente del Atlético de San Luis, cosechó 10 victorias, tres empates y 18 derrotas. Números que reflejan a un equipo que nunca logró encontrar una regularidad sostenida. En el Clausura 2026, el saldo era aún más apremiante: apenas 11 puntos en 12 jornadas, un botín que sitúa al conjunto potosino en el puesto 15 de la tabla general, a siete puntos del octavo lugar.
El detonante inmediato, presuntamente, pudo ser la derrota ante León en la Jornada 12 con un marcador de 2-1 en contra de los potosinos. No tanto por el resultado en sí mismo, sino por la forma: un equipo sin respuestas, superado en las transiciones y que evidenció en el césped las fracturas conceptuales que ya se ventilaban en los pasillos del estadio “Libertad Financiera”. Con cinco jornadas aún por disputarse, las posibilidades matemáticas de clasificación siguen vivas; pero el rendimiento mostrado sugería que, de mantenerse la inercia, esas opciones se diluirían antes de la última fecha.
En ese escenario de urgencia, la directiva optó por una solución de continuidad. Raúl Chabrand, un entrenador que ya conoce la estructura interna del club asumirá como interino hasta el final del torneo. La designación, confirmada en el mismo comunicado que oficializó la salida de Abascal, tiene el doble propósito de amortiguar el golpe en el corto plazo mientras se evalúa con mayor calma el perfil del próximo director técnico. Chabrand, que ya trabajó previamente con la plantilla, enfrentará su primera prueba de fuego cuando la actividad se reanude tras la pausa por la Fecha FIFA, con un duelo ante Monterrey que se perfila como una prueba de carácter para un vestuario que transita por horas de incertidumbre.
Lo que queda por delante es, en esencia, un ejercicio de gestión de la supervivencia. La directiva dejó entrever que el cierre del torneo servirá no sólo para intentar una remontada improbable en la clasificación, sino que también para realizar un diagnóstico más preciso del plantel. En ese sentido, la interinidad de Chabrand funciona como una suerte de paréntesis: una oportunidad para que la cúpula directiva observe, sin la presión inmediata de un proyecto recién inaugurado, qué piezas pueden sostener un esquema a futuro y cuáles han quedado fuera de lugar.
El comunicado del club, en su tono mesurado, agradeció a Abascal y a su cuerpo técnico “la entrega y el profesionalismo mostrados en todo momento”. Un gesto de cortesía institucional que, en estos casos, suele leerse también como un reconocimiento a que el fracaso del proyecto no fue por falta de voluntad, sino por una suma de variables —lesiones, rendimientos irregulares, falta de contundencia en momentos clave— que terminaron por volverse inapresables.
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Para Abascal, la salida representa el cierre de un capítulo que comenzó con la expectativa de implantar una idea de juego asociada a la escuela española, con énfasis en la posesión y la presión organizada. En el balance, esa impronta quedó apenas esbozada en algunos pasajes del Apertura anterior, pero nunca logró convertirse en una seña de identidad sólida. Para el Atlético de San Luis, en cambio, se abre ahora un período de transición que exigirá decisiones precisas. La planificación del próximo torneo comenzará, en los hechos, antes de que termine el actual.