Premios Astra
En una noche que reescribió las reglas del reconocimiento actoral, un perro de raza “Retriever de Nueva Escocia” de ojos expresivos llamado Indy hizo historia. Durante la premiación de los Astra Film Awards (antes conocidos como los premios de la Hollywood Critics Association) se otorgó el galardón a la Mejor Actuación en una Película de Horror o Thriller a este canino, superando a un destacado grupo de contendientes humanos. La decisión no fue una excentricidad, sino un reconocimiento solemne a una interpretación radical y conmovedora en el aclamado filme Good Boy.
El premio corona una apuesta cinematográfica audaz: una película de terror sobrenatural narrada casi en su totalidad desde la perspectiva de su protagonista cuadrúpedo. Indy interpreta a un leal perro que debe proteger a su dueño, un joven quien padece una enfermedad pulmonar, de una presencia siniestra. La película, dirigida por Ben Leonberg y coescrita con Alex Cannon, construye su atmósfera de pavor no a través de diálogos, sino mediante los gemidos, el lenguaje corporal, la respiración jadeante y la mirada intensa de Indy.

“En nombre de Indy, estamos profundamente agradecidos y emocionados de ser reconocidos por su trabajo en una película “, declaró Leonberg, quien también es el dueño del perro, en un vídeo de aceptación compartido por los premios. Junto a él, el galardonado meneaba la cola, ajeno al trascendental momento.
“Este premio refleja la libertad que el género de terror ofrece para experimentar y empujar los límites creativos”, dijo. Y, con su humor característico, Leonberg añadió: “Indy se siente honrado, especialmente sabiendo que está al lado de intérpretes que ni siquiera necesitaron ser sobornados con golosinas para ubicarse en el set”.
Los nominados a los que superó hablan por sí solos del logro: Ethan Hawke (Teléfono Negro 2), Alison Brie (Together), Sally Hawkins (Haz que Regrese), Sophie Thatcher (Compañera Perfecta) y Alfie Williams (28 Years Later). Para el jurado, la fuerza narrativa de Good Boy recayó innegablemente sobre los hombros —o más bien, las patas— de su estrella.
El camino hacia este premio fue tan poco convencional como el resultado. Leonberg concibió la idea tras notar el arquetipo del perro que percibe lo paranormal en películas como Poltergeist. Para materializarla, él y su pareja, la productora Kari Fischer, dedicaron más de 400 días de filmación a lo largo de tres años, adaptando cada aspecto de la producción al ritmo y las necesidades de Indy. La cámara se colocó permanentemente a 48 centímetros del suelo. Los horarios de rodaje eran dictados por el animal; si Indy necesitaba un descanso, el set se detenía.

“La magia del cine hace que parezca que está molesto o asustado”, admitió Leonberg en una entrevista previa. “La realidad detrás de cámara es mucho más absurda”. El director enfatizó que Indy, adoptado como mascota familiar sin aspiración actoral alguna, sólo sabe obediencia básica. La poderosa expresividad que se ve en pantalla es el producto de un vínculo de confianza y de un meticuloso trabajo de edición y sonido que contextualiza sus reacciones naturales.
El premio de Indy plantea provocativas cuestiones sobre la naturaleza de la actuación y quién —o qué— merece ser reconocido por ella. ¿Puede un animal, guiado por instinto y vínculo más que por método, ser considerado un actor? Good Boy y el veredicto de los Astra Awards ofrecen un resonante “sí”. No como una simpática novedad, sino como un recordatorio de que la esencia del cine de terror, y del cine mismo, reside en transmitir experiencia emocional pura, sin importar la especie del mensajero.
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Indy, quien seguramente prefiere una pelota o una caricia a un trofeo, no asistió a la gala. Su contribución, sin embargo, dejó una huella indeleble, anunciando la llegada de una nueva y peluda clase de estrella.