Ariana Grande
Ariana Grande, una de las voces más influyentes de su generación, anunció oficialmente que dará un paso al costado de la vida pública una vez que concluya su gira “Eternal Sunshine Tour” el próximo 1 de septiembre, en Londres. ¿El motivo? De acuerdo con declaraciones de su representante, se trata de un “merecido descanso” del trabajo y las apariciones públicas. Las cuales, según el comunicado, “provocaron un escrutinio público interminable y continuo” sobre su salud, apariencia y vida personal.
La noticia, que sacudió a la industria musical y a sus millones de seguidores, llega en un momento de máxima exposición para la cantante y actriz. El anuncio se produce apenas días después del lanzamiento de su octavo álbum de estudio, Petal, un trabajo descrito por la crítica como “feroz” y como un comentario sarcástico sobre la naturaleza invasiva de la fama. No obstante, lejos de celebrar el nuevo material, la conversación pública se centró una vez más en su apariencia física.

El detonante final parece ser el videoclip de la canción que da título a su nuevo álbum. En él, Ariana Grande interpreta a una actriz sometida al escrutinio de un panel de ejecutivos que critican su aspecto, una sátira directa de la industria que ella misma habita. Sin embargo, la ironía se tornó trágica cuando, en lugar de aplaudir la crítica, las redes sociales se inundaron de comentarios de preocupación sobre su delgadez. El video, por su parte, ya suma una docena de millones de visualizaciones en YouTube.
Esta no es la primera vez que Grande se enfrenta a este escrutinio. Durante años, ha sido objeto de especulaciones sobre su salud y su peso, llegando a declarar en 2023 que, en su momento de mayor delgadez, se encontraba en el punto más bajo de su vida, consumiendo antidepresivos, alcohol y no se alimentaba bien. En su tema “Yes, And?”, ya lanzaba un mensaje claro: “No comentes sobre mi cuerpo, no respondas. Tus asuntos son tuyos, y los míos son míos”.
La decisión de Ariana Grande no sólo implica un retiro de los escenarios, sino que también la cancelación de proyectos de alto perfil. Su representante confirmó que ya no participará en la esperada producción teatral de Sunday in the Park with George en el West End de Londres, donde compartiría cartel con su compañero de Wicked, Jonathan Bailey. La productora Empire Street Productions emitió un comunicado mostrando su “total comprensión y apoyo” a la difícil decisión de la artista.
El Eternal Sunshine Tour, que inició en junio en Oakland y es descrito por la crítica como un despliegue de “cuatro octavas de rango” y una producción “cinematográfica”, representa su primera gira mundial en más de siete años. Fuentes cercanas a la producción insisten en que la cantante participa “de manera saludable y exitosa” en un espectáculo físicamente exigente, desmintiendo los rumores de que su retiro esté motivado por una incapacidad física inmediata.
La decisión de Grande reavivó un debate incómodo sobre los límites entre la preocupación genuina, el acoso y sobre la responsabilidad de las figuras públicas. Mientras algunos celebran su decisión de priorizar su salud mental, otros, como la actriz y activista Jameela Jamil, señalan la peligrosidad de normalizar una imagen de extrema delgadez ante una audiencia masiva.
Organizaciones como la Butterfly Foundation en Australia advierten que, aunque no se debe comentar sobre la apariencia personal, es crucial reconocer el impacto que tiene el contenido que “promueve y respalda la delgadez extrema” en la salud pública, especialmente entre los jóvenes.
Ariana Grande, quien inició su carrera en el teatro musical y el brillo adolescente de Victorious, logró una madurez artística que la llevó a la nominación del Oscar y Globos de Oro. No obstante, su viaje está marcado por la tragedia personal y una batalla constante por la autenticidad en un mundo que la juzga sin piedad.
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El 1 de septiembre, cuando el telón caiga en el O2 Arena de Londres, Ariana Grande cerrará un capítulo de su vida. El próximo, promete, estará lejos de los flashes. Su partida, más que una derrota, se perfila como el acto final de una artista que, tras años de ser analizada en un “plato de Petri”, decidió reclamar la narrativa de su propia historia, alejándose para sanar en privado lo que el público no supo ver.