Claudia Sheinbaum
Guadalupe Taddei
INE
Durante la tarde del pasado domingo 25 de octubre, el Instituto Nacional Electoral (INE) difundió, vía redes sociales, un comunicado en el que informaron que la presidenta del organismo, Guadalupe Taddei Zavala, presentaría su renuncia ante la Cámara de Diputados este lunes. El texto incluye una declaración de la propia Taddei, quien afirma que, tras “una profunda reflexión” decidido presentar su renuncia, con el argumento de que “proteger al Instituto” debía anteponerse a “cualquier interés personal o de corto plazo”.
Este episodio constituye uno de los momentos más dramáticos de la política electoral mexicana en años recientes. Y ocurre en un momento especialmente sensible, considerando el próximo proceso electoral en 2027, donde el INE debe fungir como árbitro de dicha jornada electoral.
Los problemas de Guadalupe Taddei no comenzaron esta semana. Desde que en abril de 2023 la designaron, mediante la controvertida insaculación (sorteo por tómbola) en la Cámara de Diputados, su gestión estuvo marcada por las dudas. La semana pasada, la presión pasó de ser soterrada a estallar públicamente. El núcleo de la controversia apunta a una serie de adjudicaciones de contratos y a un posible conflicto de interés.
De acuerdo con los últimos informes, en 2025, la empresa Cajas Graf obtuvo un contrato del INE por hasta 198.7 millones de pesos para el suministro de materiales electorales; y ya en 2021, cuando Taddei dirigía el organismo electoral de Sonora, firmó con esa misma empresa un convenio por 46 millones de pesos. Además, reportes periodísticos señalan que el chofer de Taddei cobraba sueldo mientras fungía como apoderado legal de un proveedor del INE, y que una exdirectora administrativa suya también representó a proveedores vinculados.
Esas revelaciones encendieron de inmediato la pólvora política. Después de que legisladores de oposición exigieran cara a cara en la sesión del Consejo General que “o pruebe su inocencia o renuncie”, Taddei optó el jueves pasado por resistir en público. Afirmó que “no retrocederé ante presiones, difamaciones ni ataques”, y calificó las acusaciones en su contra como “ataques políticos”. Incluso en una sesión virtual del sábado insistió a sus colegas: ” No me voy, me mantengo firme en el Instituto”.
No obstante, el domingo la situación dio un giro brusco. Además del comunicado, la intervención de la Auditoría Superior de la Federación (ASF) añadió otra capa de presión. La ASF anunció que contaba con indicios suficientes para investigar posibles irregularidades contractuales, conflictos de interés, colusión y triangulación de recursos, en un universo que abarca al propio INE, a los organismos electorales locales y a proveedores relacionados. La investigación formal de la ASF sugiere que el asunto dejó el terreno de la opinión pública para entrar en la órbita de la fiscalización administrativa y judicial.

En su comunicado de renuncia, Taddei trató de presentar su salida como un gesto institucionalista: “Las personas cumplimos ciclos, las instituciones permanecen. La democracia mexicana debe seguir adelante”. El presidente de la Cámara de Diputados, Ricardo Monreal, advirtió que, una vez recibida la renuncia formal, se activará el procedimiento de sustitución, con un presidente interino al frente mientras tanto.
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Durante la conferencia matutina de este lunes 26 de octubre, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, calificó la decisión de Guadalupe Taddei como “una buena decisión”. Pero, de inmediato, añadió que la renuncia “no significa impunidad” y que cualquier sospecha sobre uso indebido de recursos o conflictos de interés “debe investigarse”.