Hantavirus
OMS
En la inmensidad del Atlántico Sur, un crucero de bandera neerlandesa se convirtió en el epicentro de un inusual brote de síndrome pulmonar por hantavirus (SPH), una enfermedad zoonótica con tasas de letalidad que, en América, pueden superar el 50 por ciento. El 2 de mayo de 2026, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recibió una notificación formal del Reino Unido, a través del Reglamento Sanitario Internacional, sobre una serie de casos de insuficiencia respiratoria grave a bordo. En apenas 48 horas, la cifra de afectados ascendió a siete personas —dos confirmadas por laboratorio y cinco sospechosas—, de las cuales tres ya fallecieron.
El buque, que partió de Ushuaia (Argentina) el 1 de abril con 147 personas a bordo (88 pasajeros y 59 tripulantes de 23 nacionalidades), recorrió un itinerario de alto valor ecológico: la Antártida continental, Georgia del Sur, Tristán de Acuña y Santa Elena, entre otras escalas. Hasta el 4 de mayo, la embarcación se encontraba fondeada frente a Cabo Verde, mientras los equipos de respuesta intentan contener lo que la OMS califica, por ahora, como un evento de riesgo bajo para la población general, aunque de alta complejidad logística y clínica.
Los síntomas iniciales se remontan al 6 de abril. Un pasajero varón presentó fiebre, cefalea y diarrea leve. Cinco días después, desarrolló dificultad respiratoria aguda y falleció en el barco. Nunca se le realizó una prueba microbiológica. Su cuerpo fue desembarcado en Santa Elena el 24 de abril.
Ese mismo día, una mujer —identificada como contacto estrecho del primer fallecido— abandonó el crucero en Santa Elena con síntomas gastrointestinales. Abordó un vuelo con destino a Johannesburgo; pero su estado se deterioró rápidamente. Murió al llegar al servicio de urgencias el 26 de abril. El 4 de mayo, las pruebas de reacción en cadena de la polimerasa (PCR) realizadas confirmaron que se trataba de una infección por hantavirus. Las autoridades sudafricanas iniciaron el rastreo de contactos entre los pasajeros del vuelo.
Un tercer pasajero, varón adulto, comenzó con fiebre y neumonía el 24 de abril. Lo evacuaron desde la isla Ascensión a Sudáfrica el 27 de abril, donde permanece en cuidados intensivos. La PCR confirmó hantavirus el 2 de mayo. Una cuarta mujer falleció el 2 de mayo, cuatro días después de haber presentado fiebre y malestar general. Otros tres casos sospechosos, con fiebre alta o síntomas digestivos, aún están a bordo, siendo evaluados por equipos médicos en Cabo Verde.
La investigación epidemiológica aún no determina la fuente de exposición. Los dos primeros casos viajaron por Sudamérica antes del embarque —incluyendo Argentina—; pero tampoco se descarta el contacto con roedores o sus excrementos durante las excursiones en zonas remotas del Atlántico Sur. El hantavirus se adquiere principalmente por inhalación de partículas a partir de orina, heces o saliva de roedores infectados. Y su período de incubación oscila entre una y ocho semanas, con una media de dos a cuatro, según la OMS.
Lo que encendió las alarmas entre los epidemiólogos es la posibilidad de transmisión limitada de persona a persona. Aunque es un fenómeno raro, se ha documentado en brotes previos del virus Andes, una cepa propia de Sudamérica. En 1996, en la provincia argentina de El Bolsón, se identificaron casos secundarios entre contactos estrechos, incluyendo personal sanitario. Hasta ahora, la OMS mantiene que la transmisión interpersonal es excepcional, pero no la ha descartado en este evento.
Bajo el paraguas del Reglamento Sanitario Internacional, están colaborando al menos cinco países: Cabo Verde, Países Bajos, Sudáfrica, España y el Reino Unido. La OMS activó su coordinación a tres niveles e involucró al Equipo Médico de Emergencia y al Centro de Coordinación de la Respuesta a Emergencias de la UE para facilitar evacuaciones y gestión clínica.
Además, se ordenó a los pasajeros que permanezcan en sus camarotes y mantengan distancia física. También se están enviando muestras de los sintomáticos al Instituto Pasteur de Dakar (Senegal) para estudios complementarios, mientras el NICD sudafricano realiza secuenciación y análisis serológicos para determinar la especie viral involucrada.
A nivel mundial, el hantavirus sigue siendo una amenaza marginal en términos de incidencia, pero devastadora cuando se manifiesta. En 2023, la Región Europea notificó mil 885 infecciones (0,4 por cada 100.000 habitantes), la tasa más baja de entre el 2019 y 2023, según datos de vigilancia regional. Ocho países de América reportaron 229 casos y 59 muertes durante 2025, con una letalidad del 25.7 por ciento. En Asia Oriental, la fiebre hemorrágica con síndrome renal por hantavirus afecta a miles de personas al año, aunque aseveran que la incidencia disminuyó en las últimas décadas.
El síndrome pulmonar por hantavirus no tiene tratamiento antiviral específico ni vacuna. La ribavirina, eficaz contra otras presentaciones clínicas del hantavirus, no ha mostrado efectividad para el SPH. La supervivencia depende del soporte intensivo temprano: ventilación mecánica, control hemodinámico y, en casos extremos, oxigenación por membrana extracorpórea.
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Mientras las autoridades tratan de establecer el origen exacto del contagio —si fue previo al embarque o durante el itinerario antártico—, el crucero permanece anclado frente a Cabo Verde. La OMS insiste en que “el riesgo para la población mundial es bajo”, pero el brote plantea una pregunta incómoda para la industria del turismo de expedición: ¿están realmente preparados los barcos que navegan por ecosistemas remotos para gestionar una zoonosis letal?