Liverpool
Mohamed Salah
En la mitología del fútbol inglés, pocos vínculos entre un jugador y una ciudad alcanzan la densidad emocional del que unió a Mohamed Salah con el Liverpool. Pero como toda epopeya, también esta tiene un acto final. El club Liverpool confirmó oficialmente que el delantero egipcio, tercer máximo artillero en la historia centenaria de la institución, pondrá fin a su ciclo al término de la temporada 2025-26, terminando anticipadamente el contrato que lo ligaba hasta 2027.
La noticia, aunque largamente rumoreada en los corrillos de Anfield, llegó envuelta en la sobriedad característica de las despedidas que duelen. El propio Salah, a través de un emotivo video en redes sociales, de poco más de dos minutos, confirmó su decisión.
“Lamentablemente, el día llegó. Esta es la primera parte de mi despedida. Quise iniciar comentando que nunca imaginé que tan profundo este club, la ciudad y su gente, se convertirían en parte de mi vida. El Liverpool no es sólo un club de futbol, es pasión, historia y espíritu”. Declaró Salah con la voz medida, pero con la mirada que delata la herida íntima de quien abandona un hogar.
La partida de Salah cierra un capítulo de nueve temporadas que arrancó en el verano de 2017, cuando el Liverpool desembolsó 42 millones de euros para traerlo desde la Roma. En aquel entonces, el egipcio ya había jugado en el Chelsea sin dejar huella; pero en el noroeste de Inglaterra encontró el territorio donde su fútbol se volvió inmortal. Sus 255 goles en 435 partidos lo sitúan en el podio de los máximos anotadores del club, sólo por detrás de Ian Rush y Roger Hunt, dos monumentos de la historia red.
Pero las cifras, en este caso, resultan insuficientes para medir la magnitud de lo que Salah representó. Con su zancada eléctrica y su zurda de precisión milimétrica, fue la punta de lanza de una generación que devolvió al Liverpool a la cima del continente. Bajo su influencia, los Reds levantaron dos títulos de Premier League, una Champions League, un Mundial de Clubes, una Supercopa de Europa, una FA Cup, dos Copas de la Liga y una Community Shield. En lo individual, cuatro Botas de Oro de la liga inglesa y dos premios al mejor jugador del torneo certificaron una supremacía que lo tuvo, en varios momentos, como candidato recurrente al Balón de Oro.

No obstante, la relación que parecía indestructible comenzó a mostrar fisuras en los últimos meses. En diciembre pasado, Salah lanzó un duro alegato contra la dirigencia y el entrenador Arne Slot, evidenciando su decepción por la gestión de sus minutos de juego. Hubo un intento de reconciliación cuando el Liverpool anunció una renovación que extendía su vínculo hasta 2027. Pero la calma duró apenas lo que tarda en resolverse un partido. Poco después, Slot lo excluyó de la convocatoria para un partido de Champions League ante el Inter, y el técnico únicamente le concedió minutos intermitentes en la liga doméstica. En lo que va de la temporada actual, Salah acumuló 10 goles y 9 asistencias en 34 compromisos: números notables para cualquier delantero, pero discretos para sus propios estándares.
En el comunicado oficial, el Liverpool justificó la salida anticipada bajo el principio de “transparencia” hacia una afición que ha convertido al egipcio en un ícono. En el video de despedida, Salah se encargó de devolver el gesto con una declaración que sonó más a carta de amor que a nota de prensa. “Nunca imaginé lo profundo que este club, esta ciudad y su gente llegarían a formar parte de mi vida. Liverpool no es solo un club de fútbol. Es una pasión, una historia. Es un espíritu que no puedo explicar con palabras a quien no forma parte de esto”.
El epílogo de esta historia aún tiene capítulos por escribirse. El Liverpool enfrenta en las próximas semanas los cuartos de final de la Champions League ante el Paris Saint-Germain, se medirá al Manchester City en la FA Cup y lucha por escalar posiciones en una Premier League que hoy lo tiene quinto. La clasificación a la próxima edición del torneo europeo no está garantizada. Tampoco lo está, en medio de este vendaval emocional, el adiós tranquilo que Salah merece.
Para el jugador, el horizonte inmediato apunta también al Mundial. Con Egipto, compartirá el Grupo G junto a Bélgica, Irán y Nueva Zelanda, en lo que será su última gran cita con la selección antes de que el cuerpo pida otras latitudes. Su futuro más allá del verano permanece incierto, aunque las especulaciones sobre una posible llegada a Arabia Saudita o una última experiencia en una liga de menor exigencia ya circulan con insistencia.
Por ahora, Salah ha pedido concentración. “Con mucho aún por jugar esta temporada —se lee en el comunicado del club—, el momento de celebrar plenamente su legado y sus logros llegará más adelante este año, cuando se despida de Anfield”. La promesa de una despedida formal, con el estadio como testigo y la ciudad como coro, es el último guiño de un matrimonio que, aunque roto por las exigencias del negocio y los calendarios, conserva la dignidad de lo que fue genuino.
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Mohamed Salah cierra así su paso por Liverpool con una certeza que trasciende los títulos: la de haber sido, para una ciudad acostumbrada a los héroes, uno de los suyos. Su legado no se mide sólo en los 255 goles, sino en la forma en que encarnó el espíritu de un club que se jacta de no caminar nunca solo. Ahora, cuando se dispone a emprender el camino en solitario, la estela que deja es lo bastante ancha como para que muchos intenten seguirla. Y lo bastante profunda como para que, pase lo que pase, nadie pueda decir que no dejó huella.