Britney Spears
La noche del pasado 4 de marzo de 2026, la patrulla de carreteras de California detuvo un BMW 430i de color negro que circulaba de erráticamente por la autopista U.S. 101, en el límite entre los condados de Ventura y Los Ángeles. Al volante, con síntomas de desorientación, iba Britney Spears. Casi cinco años después de recuperar legalmente su libertad, la princesa del pop volvía a chocar con un muro que muchos creían ya derribado.
El arresto por conducción bajo los efectos del alcohol o las drogas (DUI) no fue un hecho aislado, sino la chispa que encendió una mecha más profunda. Apenas cinco semanas después, fuentes cercanas a la cantante confirmaron a medios como TMZ y Us Weekly que Spears, ahora de 44 años, tomó una decisión que su entorno llevaba meses rogándole: ingresar de forma voluntaria a un centro de rehabilitación por abuso de sustancias.

De acuerdo con los testimonios de gente allegada a la artista, la determinación fue el resultado de una dolorosa autoevaluación y darse cuenta de que “tocó fondo”. A diferencia de otros intentos fallidos en el pasado —como aquellos de 2007 y 2008, cuando abandonaba los programas a los pocos días—, en esta ocasión el ingreso parece estar acompañado de una admisión explícita de vulnerabilidad.
La sombra del tribunal también pesa en la ecuación. Britney Spears debe comparecer ante un juez el próximo 4 de mayo por el cargo de DUI en el condado de Ventura.
El expediente personal de la cantante incluye un largo combate contra el alcohol y ciertos fármacos. En particular, se menciona el consumo problemático de Adderall, un estimulante de tipo anfetamínico utilizado comúnmente para tratar el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Incluso se señala que, en viajes previos a México, Spears presuntamente habría buscado abastecerse de este medicamento.
Esta nueva internación, que en principio seguiría el modelo estándar de 30 días, podría extenderse más allá de ese plazo si los médicos tratantes lo consideran necesario para una recuperación sostenida.
En medio del huracán mediático, aparece un destello de reconciliación familiar. Sean Preston Federline, de 20 años, y Jayden James Federline, de 19 —fruto de su matrimonio con el bailarín Kevin Federline—, han mostrado un “fuerte respaldo” a la decisión de su madre.
Tras este último arresto, el representante de Spears calificó el incidente como “lamentable” y “totalmente inexcusable”, al tiempo que expresaba la esperanza de que este fuera “el primer paso hacia un cambio largamente esperado” en la vida de la artista.
En las últimas semanas, Spears permaneció en gran medida alejada del ojo público, aunque activa en redes sociales. En una publicación de Instagram del 27 de marzo, dedicó unas palabras a sus seguidores tras el arresto: “Gracias chicos por todo su apoyo… pasar tiempo con la familia y los amigos es una bendición”, dijo.
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En febrero de este mismo año, Spears vendió los derechos de su catálogo musical a la editorial Primary Wave por una suma cercana a los 200 millones de dólares. El dinero, sin embargo, no compra la paz. Como escribió una vez en sus memorias, The Woman in Me (2023), la sanación es un verbo que aún conjuga en presente continuo.