Día de Muertos
Mascotas
Durante las últimas semanas de octubre, las calles comienzan a llenarse del tono naranja de la flor de cempasúchil. Junto con los altares tradicionales erigidos para los difuntos, un fenómeno relativamente nuevo se extiende cada vez más: el Día de Muertos de las mascotas. Con ello, pequeñas fotografías, platos de agua, croquetas, juguetes y más elementos colocados con solemnidad en un rincón de los hogares, esperando el regreso de aquellos “familiares de cuatro patas”, que se nos adelantaron en el camino.
De acuerdo con datos publicados en julio de 2026 por la encuestadora mexicana Mitofsky, el 73.6 por ciento de los encuestados mexicanos afirma tener, por lo menos, una mascota en casa. Y más de la mitad de los dueños las consideran miembros de la familia. Cuando este profundo vínculo emocional se enfrenta a la muerte, el Día de Muertos (una tradición ancestral inscrita por la UNESCO en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad) se está reinterpretado por las familias mexicanas de maneras profundamente personales.

Aunque las costumbres del Día de Muertos varían significativamente entre las regiones de México y no existe un calendario “oficial” unificado, en la práctica popular y la difusión mediática de los últimos años, el 27 de octubre adquirió un significado especial. Diversas guías de altares publicadas por medios e instituciones mexicanas marcan este día como la “jornada del regreso de las almas de las mascotas”.
“Esto no proviene de una tradición ancestral de la época prehispánica”, subraya el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en documentos relacionados, señalando que la diversidad regional del Día de Muertos supera con creces cualquier estándar único. No obstante, para muchas familias, esta fecha ofrece un orden emocional: antes de la llegada de las almas de quienes fallecieron por accidentes o tragedias el 28 de octubre, y de los niños y adultos el 1 y 2 de noviembre, se recibe primero a aquellos compañeros que dejaron marcas de arañazos en el sofá y esperaban moviendo la cola en la puerta.
El Museo Nacional de Arte (MUNAL) de la Ciudad de México incorporó esta práctica en su agenda cultural oficial este año. El museo anunció que, como parte de las actividades del Día de Muertos, instalará un altar comunitario dedicado a los animales de compañía fallecidos, inspirado en la obra “Circo” de la pintora Nahui Olin. A través de sus redes sociales, el museo publicó plantillas imprimibles de gatos y perros, invitando al público a decorarlas y colocarlas en el altar. La exhibición se inauguró durante la “Noche de Museos” del 28 de octubre en el “Patio de los Leones”.
El altar dedicado a las mascotas no es complejo ni necesita estar separado del altar familiar. Los elementos comunes incluyen: una fotografía de la mascota, un plato de agua limpia, su comida o golosina favorita, un juguete, collar o placa de identificación, y cempasúchil para guiar el camino de las almas. Una vela colocada de forma segura también es habitual; pero debe mantenerse alejada de materiales inflamables y de las mascotas vivas y curiosas.
Detrás de esta práctica late un cambio en la actitud de la sociedad mexicana hacia los animales de compañía. Un decreto aprobado por el Senado de México en febrero de 2026 (pendiente de aprobación por la Cámara de Diputados) citó datos de la Encuesta Nacional de Autoevaluación del Bienestar de 2021: en ese entonces, el 69.8 por ciento de los hogares mexicanos ya tenía mascotas.
Al argumentar la creación del “Día Nacional de la Adopción Responsable de Animales”, el documento senatorial señaló que se estima que viven más de 80 millones de animales de compañía en el país, de los cuales aproximadamente 43.8 millones son perros y 16.2 millones son gatos. Datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) indican que sólo la población canina asciende a 41.2 millones.
Aunque el altar para mascotas es un fenómeno contemporáneo, guarda una sutil resonancia con la cosmovisión prehispánica sobre los animales. En la visión del mundo mexica, a los perros (especialmente el xoloitzcuintle) los consideraban guías de las almas en su camino al Mictlán, el inframundo, acompañándolas a cruzar el río. Documentos del INAH también registran que, en la concepción náhuatl, los límites entre humanos y animales no eran fijos, y el concepto de nahual reflejaba el flujo de energía vital entre distintas formas.
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Cuando concluyan las celebraciones principales del Día de Muertos el 2 de noviembre, estos pequeños altares serán guardados, y los juguetes y platos de las mascotas lavados y almacenados. Pero, para muchas familias mexicanas, las almas de las mascotas que regresaron silenciosamente durante la noche del 27 de octubre ya completaron su breve visita: toman un poco de agua, rozan la fotografía y se marcha de nuevo entre el aroma del cempasúchil.